Cadmio: crónica de una pesadilla anunciada

Hablando coloquialmente, hace ya ocho años, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) nos dio el primer campanazo sobre lo que algunos años más tarde se iba a convertir en una pesadilla para los cacaoteros de Latinoamérica.  Efectivamente, en enero del 2009, teniendo en cuenta que el Cadmio (Cd) es un metal pesado con presencia en diferentes alimentos (cereales, carnes, hortalizas, peces, mariscos, chocolate, etc.), y dado que dicho metal es responsable de afectar seriamente riñones, hígado, pulmones y articulaciones, la EFSA estableció que máximo 2,5 µg (milmillonésima parte de un kilogramo) por cada kg de peso corporal del individuo, sería lo máximo que debería ingerirse semanalmente de cadmio.

A partir del 2009 y como resultado de diversos estudios y reuniones con participación de algunos países de Latinoamérica, se emitió en mayo del 2014, por parte de la Unión Europea, el Reglamento 488/14 en cuyo punto 3.2.7 estableció para el chocolate, los máximos de contenido de cadmio (entre 0.1 y 0.8 mg/kg de peso dependiendo del producto y el contenido de materia seca de cacao), determinando que dichos máximos regirían desde el primero de enero del 2019. Este fue entonces el segundo campanazo, con 4 años de antelación a la vigencia de la norma, tiempo relativamente corto para realizar muchas actividades que nos permitieran estar preparados para enfrentar las restricciones derivadas de la norma.

Si bien algunos funcionarios, siguiendo el ejemplo de Ecuador, trabajaron en conjunto en pos de conseguir normas o plazos más benignos a nuestros productores, no estamos aun suficientemente preparados de cara a las mencionadas restricciones pues nos faltan realizar ingentes esfuerzos en campos relacionados con aspectos técnicos tales como: 1) identificación de las zonas con altos niveles de cadmio; 2) identificación de la fuente o fuentes de donde proviene el cadmio presente en el cacao (suelos, agua, fertilizantes, etc.); 3) identificación de los materiales vegetales de cacao que extraen mayor cantidad de cadmio del suelo.

Colombia es un país en el cual el chocolate es considerado como parte esencial del desayuno de muchos de sus habitantes y, por ello, el cacao se ha constituido como uno de los principales cultivos del campesino pues, además de alimentar su familia, remunera bien los esfuerzos de su cuidado generándole interesantes ingresos. Esto ha inducido a que según datos de Fedecacao, cerca de 38.000 familias colombianas se dediquen al cultivo del cacao generando, a su vez, empleos para más 100.000 familias adicionales. Es de anotar que Colombia cuenta actualmente con cerca de 200.000 hectáreas sembradas, siendo los departamentos de Santander, Norte de Santander y Arauca los tres primeros en cuanto a área se refiere.

El cacao colombiano es considerado dentro de los cacaos “fino de aroma”, clasificación que lo enmarca dentro de la “élite” de los cacaos (5% del total producido en el mundo), élite constituida por muy pocos países que reúnen las condiciones requeridas para producir cacaos con condiciones organolépticas especiales y así distinguirse de los cacaos corrientes que representan cerca del 95% del volumen total de cacao del mundo, producidos en su mayor parte en África.

Pero Colombia, además de reunir las condiciones para poder producir “cacao fino de aroma”, es tal vez el país con mayor área disponible para la siembra de cacao puesto que presenta no menos de un millón de hectáreas con la aptitud agroecológica apropiada. Esto lo convierte en un país que debería y puede ser una de las potencias mundiales de cacao ya que, de poner en producción dicha área potencial, podría dejar el actual puesto 12 y pasar al puesto 3 a nivel de la producción mundial.

La institucionalidad del cacao en el país y los diferentes gobiernos, en asocio con la cooperación internacional, ha venido fomentando el incremento de siembras durante muchos años, sin embargo, ante la inminencia de la entrada en vigor de la norma europea sobre el cadmio, es necesario incorporar, como estrategia país, no solo buscar incrementos en área y productividad sino en producir un cacao con bajo niveles de cadmio que le permitan ser bien venido en cualquier país.

Qué estrategia se ha pensado respecto de los productores actuales de cacao situados en regiones con niveles de cadmio que superan lo establecido en el Reglamento 488? Será que tendrán que abandonar su cultivo? Esperar 5, 10 o 15 años para que los investigadores finalicen sus estudios y puedan ofrecer una solución que elimine o minimice la presencia del cadmio en el cacao? Y… mientras tanto tener que enfrentarse a un mercado que rechaza su producto o le ofrece un precio muy por debajo de lo justo, aprovechándose de la presencia del cadmio?

Estos interrogantes no son fáciles de contestar y, en busca de las correspondientes respuestas, es que debemos unirnos y poner a funcionar la muy reconocida creatividad del colombiano. Por ahora deberíamos priorizar la caracterización de cadmio de los diferentes cacaos que hoy se producen en el país y poner a disposición de los productores dicha información para que, aquellos con altos niveles de cadmio, puedan establecer negociaciones con miras a mezclar sus cacaos con los de bajos niveles y así, poder ofrecer al mercado internacional, mesclas de cacaos con contenidos de cadmio que cumplan las normas establecidas.

Y cuál es la estrategia oficial para los nuevos cacaocultores? Se sabe que el cacao es uno de los cultivos seleccionados para impulsar en las zonas de posconflicto pero acá la pregunta es si se ha tenido en cuenta cuál es el nivel de cadmio presente en dichas zonas?  Ya se efectuaron suficientes estudios de suelos (toma de muestras) que permitan establecer mapas de las regiones con presencia de cadmio? Induciremos primero a sembrar y después miraremos cómo solucionamos el problema de mercado?

Antes de inducir al campesino a sembrar se hace necesario que, entre todos, busquemos soluciones integrales al problema, es decir, en conjunto desde el punto de vista de suelos, aguas, fertilización, materiales vegetales y mercados.

Desde la orilla de los investigadores, se requiere que haya suficientes estímulos para que, en plazos razonables, nos encuentren soluciones que permitan que los suelos con cadmio, mediante cierto tipo de tratamiento, retengan el cadmio en lugar de liberarlo para que las plantas de cacao lo absorban. Igualmente, requerimos de nuevos materiales de cacao que, por su genética, no absorban el cadmio, lo hagan en mínimos niveles o lo depositen en las ramas y no en los frutos.

Desde la orilla de las entidades de fomento, requerimos que la selección de los potenciales productores obedezca, primero que todo, al resultado de muestras de suelos que establezcan la presencia de niveles mínimos de cadmio en cada uno de sus predios. De igual manera, es primordial que tanto productores como exportadores y funcionarios del sector agropecuario conozcan, en detalle, las exigencias mundiales respecto del cadmio y las consecuencias que tendrían, sobre la demanda y el precio de venta del cacao y, por ende, sobre los ingresos de los productores, el desconocerlas o no tenerlas en cuenta.

Y todo esto por qué? Para evitar que se haga realidad una pesadilla anunciada y nos impida convertirnos en un país reconocido mundialmente no solo por la calidad de su cacao (en los años 2010, 2011 y 2015, cacaos colombianos han sido premiados en el Salón del Chocolate, el evento supremo de la industria) sino por los volúmenes con que participemos en los mercados mundiales.

En conclusión, estando a solo cuatro meses del campanazo final, si bien tenemos un problema actual con la presencia de cadmio en muchos de nuestros cacaos, tenemos toda la posibilidad de conquistar, en el mediano plazo, el mercado mundial, siempre y cuando sigamos apoyando la expansión y mejoras en la productividad del cacao pero teniendo en cuenta las limitaciones de los suelos donde se ha de sembrar y efectuando un continuo monitoreo a nuestras exportaciones para asegurarnos que nuestro cacao sea reconocido mundialmente como cacao que cumple a cabalidad las normas sobre contenidos de cadmio.

Álvaro Pio Vargas Rangel

Economista, Especialista en mercadeo agropecuario

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