Articulación, Integración y Unión para construir el camino que conduce al Desarrollo Rural

Las dificultades nos llevan a unirnos en torno a reflexiones, al análisis de la situación y fundamentalmente a participar en la construcción de propuestas integrales, con la contribución de los productores, de los gobiernos, de nosotros los ciudadanos Colombianos, para consolidar no solo soluciones coyunturales; es necesario trabajar en soluciones estructurales a la problemática que se presenta en  una actividad económica tan importante en el país, como lo es la actividad  agropecuaria,  que  es la base de subsistencia de  los millones de personas que  hacen parte de la población rural.

La problemática de los productores rurales del país,  viene de años atrás y escuchamos permanentemente  y en forma reiterada, que existen dificultades para  el acceso  a los factores productivos, altos costos de producción como insumos y transporte, la producción se ve afectada por problemas sanitarios, por los efectos de cambio climático, no se cuenta con infraestructura de adecuación de tierras, vial  y logística para la producción, comercialización y agroindustria; así mismo no se posee el  conocimiento y asistencia técnica apropiada, la intermediación en los mercados y en muchos casos el contrabando,  no  le permite rentabilidad a nuestros campesinos.

Es innegable que se han venido implementando políticas para brindar mejores condiciones del campo y hoy con el tema de posconflicto se resalta su importancia estratégica; políticas que han permitido implementar  mecanismos para mejorar los ingresos de los productores, generación de empleo y capacidad  productiva en el campo, acceso a tierra, apoyos crediticios, entre otros que apuntan a la superación de la pobreza y a la competitividad.

La política actual pretende un desarrollo rural con enfoque territorial, para lo cual se requiere de una real articulación de las políticas nacionales, departamentales y municipales, con fuertes instancias de participación para lograr que las acciones promovidas por el estado y sector privado,  reflejen el querer de los habitantes de la región que se interviene. Es por ello que las políticas sectoriales deben flexibilizarse,  de tal forma que permitan variaciones,  de acuerdo a las  realidades de cada territorio.

Se requiere avanzar con un proceso de planificación integral; el ordenamiento productivo debe ir de la mano con el ordenamiento territorial y ambiental, incorporando el uso racional de los recursos suelo y agua, reconociendo las condiciones específicas de los territorios.

La “asociatividad real” es indispensable, para reducir costos por economía a escala. A través de la historia en el  país, se han venido desarrollando diferentes formas asociativas, pero desafortunadamente pocas organizaciones se mantienen en el tiempo. En muchos casos se crean organizaciones  temporales solo para acceder a apoyos previstos por el Estado, por ello es importante revisar la forma y requisitos para acceso a los mismos; así como innovar en el direccionamiento de las organizaciones que generen rentabilidad a sus asociados y fortalecer las que surgen de la unión en un territorio como el caso de las asociaciones de usuarios de distritos de adecuación de tierras, mientras exista la infraestructura y el servicio que los une, estas pueden ser sostenibles en el tiempo. Así mismo es importante revisar el papel que debemos desempeñar los gremios y los profesionales del agro, para lograr una mayor contribución al sector.

Indispensable hacer énfasis en la gestión del conocimiento y avanzar en la formación de capital humano, en la investigación aplicada y la asistencia técnica especializada aprovechando las nuevas tecnologías para una producción competitiva y consolidación de redes de conocimiento y de colaboración.

En el país existen algunos renglones productivos que han logrado una integración al interior de la cadena productiva, sin embargo la mayoría  aún requiere de articulación entre los diferentes eslabones, con inversiones planificadas en el sector y con una mirada integral a las especificidades del territorio, a las condiciones  intra e intersectoriales y al mercado.

El Estado debe proveer bienes públicos, una mayor inversión en la infraestructura para la producción, como  lo es la adecuación de tierras, la infraestructura vial,  la logística para la comercialización y agroindustria.

Las estrategias claras e incentivos son necesarios, que conduzcan a  obtener diversas formas de financiación como alianzas de  productores organizados con entes territoriales y la  Nación, la participación del sector privado a través  de diferentes esquemas  de asociaciones público privadas APP.

Por otro lado se debe reconocer la importancia de la agricultura familiar,  pero no como un postulado, con la concreción de programas diferenciales y focalizados, que contribuyan  a la seguridad alimentaria y una actividad, que aunque pequeña,  económicamente rentable, en donde se aproveche las ventajas comparativas y potencialidad que se tiene en cada región.

El sector agropecuario, es un sector estratégico para el país,  tenemos algunas ventajas comparativas y entre esas ventajas están los trabajadores del campo comprometidos. Tenemos que unirnos, articular e integrar acciones, no estamos en bandos diferentes,  los campesinos, el Gobierno Nacional, los departamentales, municipales, el sector privado, la academia  y la sociedad civil queremos mejores condiciones de vida, que requieren de  acciones mancomunadas, integrales sostenibles en el tiempo, con el aporte  y disposición de todos, que permitan vislumbrar soluciones a largo plazo y que incentiven a los jóvenes rurales  a trabajar por el campo Colombiano, al ver una nueva actividad económica empresarial que tiene posibilidades y que conduce con otros factores sociales a un desarrollo rural Integral en el país.

 

 

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